¡UNETE YA!

29 mar 2010

¿QUIENES SON LOS RESPONSABLES DE LA DELINCUENCIA?

Las causas de la desintegración familiar, de la extrema pobreza, de la creciente delincuencia, de las pandillas juveniles, deben buscarse en las injustas estructuras económicas, en la inequidad del sistema, en el excesivo lucro y ambición desmedida de unos pocos, en contraposición a las necesidades permanentes de las mayorías poblacionales.

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*publicado por el blog El-Salvador

En la ignorancia del pueblo, las iglesias de distintas denominaciones, los partidos políticos, los explotadores capitalistas y los gobiernos derechistas han encontrado el caldo de cultivo ideal para atraer a sus filas a grandes contingentes poblacionales. Desde luego, la insultante pobreza y la búsqueda permanente del pan para alimentar a una numerosa prole, sobre todo en el campo, también ha sido un factor de “domesticación” y sometimiento de seres humanos. Los mismos curas y pastores que, para hacer más almas para el purgatorio --¿qué hambriento puede conducirse de tal modo para ser admitido en el cielo?--, están dispuestos a ver imposibles cómo encuentran el infierno en la Tierra.

Esa ignorancia se manifiesta de manera dramática en cada proceso electoral cuando los partidos políticos de la derecha utilizan en sus campañas propagandísticas la amenaza, el temor y la intimidación entre la población más humilde: con total descaro se acusa de “comunista” al adversario, se le dice diariamente a los padres de familia que “les quitarán a sus hijos” y nunca “los volverán a ver”. Asimismo, les advierten que “ya no vendrán más remesas de los Estados Unidos” y que “los ancianos serán convertidos en jabón”. El actual Vicepresidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, fue víctima de una brutal campaña difamatoria y el partido Arena y todos sus lacayos y testaferros, lo acusaron de haber autorizado la masacre de centenares de combatientes y de haber “dado luz verde”, al comandante Mayo Sibrián, para torturar y ajusticiar a “gran cantidad de guerrilleros”.

La ignorancia y la densidad poblacional también sirvió para la explotación de la mano de obra en fábricas, plantaciones agrícolas y centros comerciales. Todavía en pleno Siglo XXI en uno de los almacenes más grandes de este país a los empleados se les paga por comisión, de acuerdo con lo vendido en el día van guardando copia de las facturas y al final del mes les cancelan el porcentaje. Esta norma se utiliza mayormente en época de Navidad y Año Nuevo. Los jóvenes provenientes de hogares con serias limitaciones económicas tienen que aceptar “el convenio” porque hay centenares haciendo “cola”.

A la ignorancia, a la sobrepoblación, se une la falta de alimentos no sólo en nuestro país sino en muchas partes del universo. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas resume que en el mundo se producen 40 millones de toneladas de cereales, de los cuales 26 millones se consumen para hacer frente a la demanda del crecimiento de la población y el resto en elevar el nivel de vida de los grupos oligárquicos que controlan a los hambrientos y no quieren que se sacien.

En toda esta situación tiene mucho que ver la tenencia de la tierra, la superficie cultivada y la excesiva concentración en pocas manos. Asimismo, la deforestación, la tala indiscriminada de los bosques, el desaparecimiento de los mantos acuíferos y el desgaste permanente del recurso suelo. Los mismos técnicos y expertos de las Naciones Unidas señalan que se está llegando al máximo de la capacidad de producción de la tierra. Ir más allá es contraproducente. Se quisieron pescar más langostas y atunes en las aguas del Golfo de Fonseca y ahora disminuyen en toda esa extensión marítima. Lo mismo cuando las flotas japonesas se lanzaron en busca de las ballenas y ahora disminuyen en el mar. Se quiso aumentar el rendimiento del campo en México y en la India, pero los fertilizantes han subido tanto –a causa del nacionalismo petrolero de las oligarquías árabes—que ya no es posible.

Los sectores interesados culpan a los gobiernos por el atraso y la ignorancia de las mayorías poblacionales: nunca asumen su propia responsabilidad, sobre todo para hacer equitativa a la sociedad, pues en nuestro país para no ir muy lejos es inmensa la brecha entre los pocos millonarios y los pobres. También se pronuncian desde siempre, de forma demagógica, por un control de natalidad. Las cosas deben verse y analizarse desde la realidad: quienes se oponen a que se controle, sea cual sea el pretexto que aduzcan (incluso si son tan bobos que se lo creen), lo que hacen en realidad, es defender ese ejército de reserva de mano de obra que Marx consideraba circunstancial con el crecimiento de la burguesía.

Marx le dio el nombre y reveló la función que la burguesía atribuye al exceso de nacimientos sobre defunciones, al crecimiento de la población: hacer –dicho en pocas palabras—que siempre haya hambrientos, para mantener los salarios bajos, para disponer siempre de criados obsequiosos, para poder sustituir a los rebeldes y “revoltosos” en las fábricas y en el campo. El capitalismo desarrollado quizás ya no necesita esto y por ello se inclina por el control de la natalidad. Pero la burguesía africana, árabe, asiática, latinoamericana, continúa urgida de ese ejército de reserva de trabajadores y criados y si para tenerlo la gente ha de pasar hambre, pues se mira para otro lado y se dice que otros tienen la culpa.

En El Salvador la anarquía del sistema (no prevé la mano de obra surgida todos los años), la excesiva concentración de la riqueza en pocas manos, la inequidad del modelo económico, la todavía tenencia de la tierra en pocas familias, el crecimiento poblacional, las injustas estructuras económicas y sociales, han originado permanentes contradicciones, miseria extrema y migración constante. Los oligarcas siempre apostaron por mantener en la ignorancia a la población, para poder perpetuarse en el poder y ejercer libremente la explotación. El surgimiento de pandillas, de maras y contrabandistas debe analizarse bajo esta realidad y no fuera de contexto. Los cuatro regímenes areneros, por ejemplo, de manera infame provocaron el desempleo masivo lo que de manera directa causó la migración de miles de compatriotas hacia los Estados Unidos y, desde luego, la desintegración familiar. Los jóvenes se quedaron solos en los hogares, sin respaldo de padres o madres, sin orientación, sin unidad ni cariño. ¿Dónde encontraron esa protección, amistad y dinero fácil? Ustedes, estimados amigos, tienen la respuesta.

En síntesis, las causas de la desintegración familiar, de la extrema pobreza, de la creciente delincuencia, de las pandillas juveniles, deben buscarse en las injustas estructuras económicas, en la inequidad del sistema, en el excesivo lucro y ambición desmedida de unos pocos, en contraposición a las necesidades permanentes de las mayorías poblacionales.

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